Educación de clase y la necesidad de su transformación revolucionaria
Según la Real Academia Española (RAE), la educación se define como “crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes”. Si contextualizamos esta definición a una sociedad dividida en clases (explotadores y explotados), la educación sería entonces la crianza, enseñanza y doctrina que la clase dominante le da a las nuevas generaciones para preservar cierto régimen de producción; en el caso de la actualidad, es decir, en el sistema capitalista, la clase explotadora la conforman quienes acumulan riqueza a costa de la clase explotada, la cual está constituida por los trabajadores que generan productos sujetos a ser cambiados por otros (es allí donde hablamos de mercancías). Entonces la educación en este contexto, apunta hacia la reproducción y preservación del sistema económico actual, generando profesionales que lo mantengan, sustenten y optimicen en pos de los intereses de la clase dominante, la cual posee el poder económico y político de cada país.
Este movimiento estudiantil del que tanto se habla, no existe en estos momentos, va decayendo, ya no es reconocido como en los 80′ ni en los 90′ ni a comienzos del 2000 donde los “pingüinos” fueron los últimos en mostrar tanta presión que el gobierno quedó en “jaque” durante un buen tiempo, ¿pero por qué en estos momentos no identificamos un movimiento sólido? Los motivos de esto son variados y muchas veces desconocidos por todos, que van desde la intervención de los partidos políticos tradicionales que se apoderan de los espacios de poder, como son las federaciones o algunos centros de alumnos, que intentan poner paños fríos a las movilizaciones, desmoralizando y creyendo que la lucha por una “mejor educación” es una lucha perdida, esto sumado a los propios intereses que ellos tienen, siendo la federación un trampolín para lanzar sus carreras políticas mas allá de la universidad (por ejemplo que ciertos personajes dejen sus puestos en la federación para poder postular a concejal). Con este tipo de intereses, que son ajenos al de la mayoría, el movimiento estudiantil nunca podrá surgir.
Además, la carencia de un proyecto político a nivel de universidad e incluso a nivel nacional, debilita la formación de un movimiento estudiantil serio y con proyecciones a futuro que pueda no tan sólo generar debate y discusión sobre la educación, que por lo general se da en un cierto periodo del año que es de carácter coyuntural, sino que también ser capaz de mantener movilizados e informados al estudiantado todo el tiempo que sea posible, ya que las contradicciones de la educación no sólo duran el primer semestre sino que se mantienen los trescientos sesenta y cinco días del año. Es por ello que es necesario, para la conformación de un movimiento estudiantil, un proyecto político que fortalezca y unifique a los estudiantes de la universidad para enfrentar de mejor forma los retos que significa luchar contra un sistema educacional clasista y manejado por los que hoy en día poseen el poder político y económico de nuestro país.
Además la constante persecución que se genera hacia los estudiantes por parte de las autoridades para “reestablecer el orden dentro de la universidad”, que muchas veces recurre a carabineros que actúan con violencia en marchas o actos públicos y realiza detenciones sin justificación ni provocación alguna, hechos que también son apoyados por los partidos políticos presentes en la universidad, generan un ambiente de miedo a la movilización y hace que el movimiento vaya decayendo de forma progresiva. Es en este ambiente donde el estudiante conciente se encuentra y se desarrolla, creando conciencia entre sus pares, organizándose y movilizándose contra este sistema educacional que beneficia a unos pocos y mantiene ignorantes a la gran mayoría de la gente que no puede acceder a ella.
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