Análisis de la coyuntura nacional segundo trimestre de 2009
El actual momento de la lucha de clases, de la estrategia productiva, del escenario político y del devenir en cuanto proyecto político hegemónico, se ve trastornado por la crisis del modelo neoliberal, que se presenta como una crisis de la reproducción de la fuerza de trabajo y de los capitales nacionales e internacionales en Chile.
Cuando se menciona este trastorno debe quedar especialmente claro que la crisis no es absolutamente exógena. Ello, en dos sentidos:
-Primero: la crisis del modelo neoliberal a nivel mundial en forma de globalización de los circuitos del capital, es originada por el mismo sistema bajo el modelo neoliberal, tanto por la crisis de sobreproducción, igual para todos los modelos de desarrollo del capital, como por las características particulares del neoliberalismo, es decir, su alto componente financiero y especulativo, el mal llamado sector ficticio de la economía global, así como por la destrucción creciente del poder adquisitivo de las masas trabajadoras. Es necesario desechar las posturas superficiales que ven en esta crisis una mala regulación y la salvación como mayor ingerencia estatal. El Estado actual es el Estado del Neoliberalismo, no su competencia.
-En segundo lugar: la crisis no es solamente exógena para nuestro país. El propio modelo chileno, traspasa una crisis singular, que guarda relación especialmente con el agotamiento de los recursos naturales y los problemas de la fuerza de trabajo, que se presentan como sobreexplotación, precarizacion y desregulación del mercado del trabajo.
La madurez de la contrarrevolución neoliberal, que ya va en camino hacia su cuarta etapa luego de capear su tercera gran crisis, se ve reflejada en la realidad objetiva y subjetiva como una crisis de alternativas al neoliberalismo, homogénea para todas las clases, inclusive las constituidas o al menos organizadas.
Los grandes beneficios que el sistema neoliberal ha otorgado a la burguesía chilena trasnacionalizada tuvieron por consecuencia una transformación total del país en 30 años. Chile se presenta como un nuevo país, y está en sus orígenes estructurales (sus cimientos) la incapacidad, o al menos las trabas, para transformarlo en cualquier otro modelo, ya sea a nivel de la superestructura y de la división de poderes, como de un proyecto burgués nuevo de desarrollo. El neoliberalismo se asienta sobre un proyecto fundante: la búsqueda de una integración mundial basada en circuitos productivos transnacionalizados. Esto se ve acompañado a nivel productivo nacional de una fuerte centralización del capital y de una fragmentación productiva, lo que genera un mercado de trabajo desregulado con fuerte segmentación de las ocupaciones, que se convierte en reproductor de la desigualdad distributiva y de las condiciones de pobreza.
El neoliberalismo chileno, a excepción de la opinión de sus propios representantes, ha fallado principalmente en los siguientes puntos:
A) Los defensores del modelo en sus inicios recalcaron que la apertura económica total, generaría un crecimiento equitativo de los compatriotas. En este sentido, ha quedado claro luego de 30 años de neoliberalismo que ha medida que se profundiza la apertura, la distribución de la riqueza se hace cada vez más desigual. Por lo tanto, esta premisa debe ser rechazada, el neoliberalismo es un modelo económico que legitima ideológicamente la acumulación y concentración de la riqueza por los sectores privilegiados de la sociedad.
B) Se dijo también que la apertura iba a generar grandes índices de crecimiento que derrotarían la pobreza y el desempleo. Esto ha sido claramente desmentido por la experiencia ya que incluso en los años de mayor crecimiento del PIB el desempleo siempre se empinó por sobre el 6% demostrando que el modelo sistémico necesitaba para su desarrollo de altas tasas de población activa desempleada. Pero, además de lo anterior, quedó demostrado que la apertura no siempre genera crecimiento ya que la economía nacional quedaba desprotegida en caso de crisis mundial, lo que producía que de haber crisis, nuestro país sería de los más golpeados del orbe, incluso con PIB negativos. Por último, aunque se ha reducido drásticamente la pobreza, no es menos cierto que dada la distribución de las riquezas, aunque la población supere ciertos índices con los cuales se mide la frontera de la pobreza, su participación en los ingresos generados por la nación es cada vez menor en comparación con los grupos de mayor riqueza, es decir, sobre el total producido.
C) Uno de los mayores mitos del neoliberalismo es que luego de su puesta en marcha se daría inicio a una segunda fase exportadora que tendría por principales características la producción y exportación de mercancías con altos valores agregados lo que, a su vez, tendría por consecuencia una nueva industrialización nacional que sería capaz de competir internacionalmente con productos altamente sofisticados en tecnología e innovación. Queda absolutamente claro que el neoliberalismo chileno es incapaz de generar una nueva industrialización exportadora de mercancías con valor agregado, dado que en los últimos 20 años los sectores estratégicos de nuestra economía no han variado y que, por el contrario, nuestra estrategia primario-exportadora se ha intensificado.
D) El último objetivo no realizado del neoliberalismo es la profundización de la democracia. Se dijo que dado que el país debía afrontar la competitividad internacional como una gran familia, las condiciones para un pacto social donde el Estado, las empresas y los trabajadores en conjunto planificarían y construirían consensos en los proyectos de país se verían largamente favorecidos. Aunque es de más difícil análisis, tras 30 años de neoliberalismo, se ha producido una profundización de la apatía o autoexclusión, de la descomposición de la organización popular, de la desconstitucion de los sujetos políticos, de una asimetría en las relaciones capital/trabajo e incluso de una menor participación electoral. Se debe sumar a esto la disminución acelerada de la tasa de sindicalización, la disminución de la cobertura de la negociación colectiva, se ha visto cada vez más debilitada la participación de los sindicatos en la negociación colectiva, disminuye el número de trabajadores con opción de negociar sus condiciones de trabajo, se hace evidente el empequeñecimiento de los sindicatos, y por ultimo, es evidente igualmente, la desaparición casi absoluta de un discurso ideológico por parte de los trabajadores.
Siempre que se hable de crisis de algún modelo de desarrollo o estrategia de acumulación del capital, en ningún momento se debe caer en el economicismo, cuestión verdaderamente peligrosa para la rigurosidad de los análisis. Las crisis se reflejan como crisis política, ideológica y económica, y sus consecuencias guardan estrecha relación con el circuito internacional del capital, con la cadena internacional de la producción, acumulación y explotación. Y si hablamos de cadenas, es absolutamente necesario analizar cada eslabón, para comprender no la situación económica de cada eslabón, sino las problemáticas de cada formación social.
Por tanto, la primera conclusión de este informe es la responsabilidad por parte de las organizaciones políticas de izquierda de realizar un estudio acabado del modelo de desarrollo neoliberal y las características que ha tomado en Chile, dado que solo a través de su comprensión total se puede entender el comportamiento de la estructura de clases, de los proyectos burgueses de desarrollo social y de acumulación del capital, de las posibles alternativas de desarrollo económico, de las características que la crisis ha tomado en nuestro país, y lo más importante, del estudio del neoliberalismo se puede extraer gran parte de la estrategia de la izquierda en la acumulación de fuerzas populares y en las demandas que posiblemente coparan en el futuro a la escena política.
EL PROYECTO CONCERTACIONISTA:
Representante, como componente del bloque en el poder de los intereses de la alta burguesía transnacionalizada, integrada a los circuitos internacionales del capital y del intercambio de mercancías, en combinación con el patriciado burgués local y las pequeñas burguesías, la Concertación, además, ha logrado asociarse irregular o informalmente, con la aristocracia obrera ligada a algunos sectores estratégicos del modelo exportador y con los pequeños propietarios/productores, patrones de la mayor parte de la fuerza de trabajo nacional. A través de esta asociatividad pluriclasista, la concertación se presenta como una coordinación de partidos en beneficio de la alta, baja y pequeña burguesía, con total hegemonía de la primera y extrae además componentes discursivos de la aristocracia obrera con todo su reformismo.
Lo que ha llevado a la Concertación a erigirse como el proyecto político-práctico dominante en el bloque en el poder por 20 años, es su capacidad de subordinar a la clase trabajadora, hoy casi inexistente como sujeto independiente, y al Pueblo en general, garantizando así la maximización de beneficios para el gran capital.
Es este conglomerado el que ha encabezado el perfeccionamiento del neoliberalismo como modelo de desarrollo nacional, luego del traspaso de este desde una administración cívico-militar al proyecto encabezado por la concertación.
Algunos autores dividen en periodos el desarrollo del neoliberalismo en Chile, y a nuestro entender el proyecto concertacionista que hoy vemos se entiende como el tercer periodo, luego del periodo ortodoxo y heterodoxo. Este tercer periodo es caracterizado por un neoliberalismo salvaje en el mercado y una política social tenue por parte del Estado para garantizar una estabilidad social. Esta política social tenue, es la que ha caracterizado a cada gobierno, la reforma previsional y el desarrollo de la educación preescolar en el actual gobierno de Bachelet, la reforma a la salud con el plan auge y el desarrollo de un política intensiva de obras públicas en el gobierno de Lagos, la reforma a la justicia y la reforma educacional en el gobierno de Frei, y así todos los gobiernos han cumplido un papel, más que reformista, “modernizador” de la relación entre el Estado y la mal llamada sociedad civil.
Es este proyecto el que entró en crisis, más allá de la crisis económica, es una crisis de proyecto, en la cual el bloque en el poder, el modelo de desarrollo y los actores sociales sufrirán cambios. Es objetivo de este informe y de sus posteriores, comenzar a comprender qué tan profundo será el reordenamiento y si existirá o no un cambio en el modelo de desarrollo.
LA CRISIS:
Como ya se ha dicho, la crisis no es sólo nacional. Esta crisis representa la esencia cíclica de los reventones de las contradicciones del sistema capitalista. Esta crisis es un epifenómeno de las problemáticas autodestructoras que contiene el capital, altamente desarrolladas por el marxismo en general y teorías afines a éste. Lo interesante es que de alguna manera esta crisis representa algo más que la crisis asiática o la crisis del 80. Más allá de nuestro alcance histórico-intelectual, esta crisis muestra características nuevas, un derretimiento de las finanzas internacionales, sin grandes focalizaciones (al contrario, raramente homogénea), aunque ataca más que nunca a las grandes potencias del capitalismo. Esta crisis en la fase última, conocida, del capitalismo, es decir la de la integración mundial del capital y de la producción transnacional, es la que produce un contexto internacional perjudicial para el modelo nacional, dado su extrema apertura, condición esencial de su programa primario-exportador.
En los sectores estratégicos nacionales la crisis repercute con gran profundidad. Como la crisis en Chile se manifiesta en una reducción de las exportaciones de materias primas, los sectores mineros, forestales, acuícolas y frutícolas, así como el sector portuario (sectores en los que se asientan los circuitos transnacionalizados de la producción), han visto un retroceso considerable en sus beneficios. La baja internacional de los precios, por la disminución de la demanda y el uso de reservas, ha generado una caída, por ejemplo, del precio de la celulosa, que desde Julio del 2008 acumula una caída del 36%, lo que ha producido una proporcional desvinculación de trabajadores, siendo unos de los sectores con más despidos.
Se debe sumar el cierre de los aserraderos lo que aumentó de manera considerable el número de desempleados en las regiones VIII y IX, y la entrada en crisis de todo el sector aledaño a la producción de celulosa, como la producción de papel, alterando además los precios para el consumo local y aumentando el ya precario nivel de los trabajadores que circundan el eje trasnacional de esta industria. Es a nivel de todo la franja industrial de la producción que esta crisis ha repercutido intensamente. Los índices de actividad industrial no se cansan de desplomarse. En el último indicador correspondiente a abril, la actividad industrial cayó más de un 8%, demostrando así, la envergadura de la crisis en la industria chilena. Lo mismo cabe señalar del resto de los sectores estratégicos de la economía nacional.
La reducción abrupta de las exportaciones de cobre, acompañado del desplome del precio internacional del producto ha generado varios fenómenos, el primero es el desempleo en el sector artesanal y mediano, aunque en menor proporción comparado con el sector forestal. Segundo, las primeras manifestaciones de resistencia, por parte de los trabajadores, de las reducciones presupuestarias de las empresas, con bloqueos de carretera, tomas de edificios, y paralizaciones prolongadas, hechos que aunque en curso, demuestran que los sectores del pueblo que se encuentran organizados han resistido de mejor manera el proyecto burgués de salida de la crisis, tercero y aunque en los últimos días se ha consensuado una cierta estabilidad de los precios del cobre, se ha abierto el debate de cuanto el gobierno puede resistir con medidas contraciclicas, con entradas tan magras de dinero del sector minero.
El sector acuícola vive una crisis triple. Primero el descalabro salmonero, producto de la crisis ambiental de las aguas y el subsuelo del sur de nuestro país, segundo la prolongada crisis producto del virus ISA, lo que ha provocado una casi total paralización del sector, tercero una contracción de la demanda del producto en los mercados internacionales lo que ha motivado una baja considerable de los precios. En cuanto a los trabajadores, este sector vive una crisis total, hoy es sin duda un sector conflictivo, por los despidos masivos, el cierre de empresas, el traslado de la producción a zonas distantes de las anteriores y un sinnúmero de hechos que provoca una movilización local importante en el escenario político, fuertemente censurado por los medios de comunicación. Hoy se suma a lo anterior el proyecto de ley que privatiza el mar para las salmoneras, a fin de dar en garantía las concesiones de pesca a los bancos, cuestión que muestra hasta que punto la clase política representa los intereses del empresariado.
El sector frutícola que ha pasado casi inadvertido en los análisis económicos también vive la crisis, de mal en peor. Primero, las reducciones en la producción, segundo, los despidos o sencillamente la no producción, tercero un dólar altamente volátil con tendencia a la baja lo que al sector de seguro no le conviene, cuestión que ha más que demostrado en estos días.
Es conclusión de este informe que se debe investigar a fondo los nuevos proyectos de todos los sectores para sortear la crisis y para el futuro. Sabemos que las empresas apuestan por la reducción de la inversión, del presupuesto, del personal y de la producción, además de la externalización de las faenas, aunque ya tomaremos más adelante el análisis de estos fenómenos. Es importante que las organizaciones políticas nacientes o no y que posean ciertas estrategias de construcción generen un mapeo de los sectores productivos, para comprender y visualizar los posibles movimientos de trabajadores que puedan llegar a existir.
DESCRIPCIÓN Y DESARROLLO:
Las primeras manifestaciones de la crisis actual se produjeron a nivel del consumo nacional de productos importados, lo que originó restricción y encarecimiento del crédito, pesimismo masivo en cuanto a las expectativas futuras, lo que acarreó, a su vez, un recrudecimiento de la baja del consumo, y el agotamiento del boom comercial de algunos productos, como los automóviles y productos tecnológicos. Esta característica de la crisis no ha variado considerablemente desde el verano pasado, los gastos se han reducido en la canasta familiar y las repercusiones en el comercio actualmente son crueles representantes de esta crisis, con masivos despidos en el retail, la banca y las grandes cadenas de supermercados, cierres de pequeños locales y una expectativa de recuperación más lenta que otras áreas. Aunque la baja del consumo fue general, como es bien sabido, el sector inmobiliario fue unos de los primeros en entrar en crisis, debido a que es en este sector donde se manifiesta primero la restricción y encarecimiento del crédito, las malas expectativas laborales y los bajos sueldos. Este sector es el que fue pionero en la estrategia de despidos masivos, freno en la inversión, reducción presupuestaria, externalización de labores y otras tácticas igual de viles. El icono de este proceso fue la paralización de las obras del Costanera Center, que produjo alrededor de 5.000 desempleados directos y un edificio a medias, muerto, como símbolo de un proyecto (¿país?) abortado, herido por sus propias contradicciones, paralizado por sus temores.
Si hablamos de sucesos que conmueven y que quedarán en la historia de esta crisis, hay que hablar de las consecuencias nefastas para el pueblo en general que produjo las pérdidas millonarias de los multifondos de las AFP, en especial para el tramo etáreo que supera los 50 años para los cuales las pérdidas son irrecuperables, lo que en el mediano plazo hace prever un fuerte aumento de la pobreza de nuestros jubilados. La reforma previsional de Bachelet y su gobierno es claramente insuficiente para mitigar este colapso, por lo que no debiera sorprender que futuros gobiernos profundicen las reformas al actual sistema de pensiones. Aunque en un comienzo se pensó que el revuelo causaría la transformación parcial o total del sistema de AFP, con el tiempo se hace evidente recalcar que medidas como AFP estatal o familiarizadas con ella son improbables en el mediano plazo. Sí es posible en un futuro cercano un mayor protagonismo del Estado en la regulación de las AFP, al estilo de las medidas tomadas contra la colusión de las farmacias en los precios de sus productos, es decir un adornamiento de la regulación, para dejar las cosas iguales o peores. La AFP estatal dice relación con la intervención del Estado en las Sociedad Anónimas chilenas.
La inflación que el 2008 fue el tema central de las preocupaciones de todos los sectores, dadas las alzas de los precios de los productos básicos y otros, tal y como se predijo en el anterior borrador se vio totalmente controlada y no es un gran tema para el 2009 o 2010. El traspaso a los precios de la inflación 2008, en el caso de los aranceles universitarios, también se cumplió como se predijo, convirtiendo en el lema de los estudiantes que se movilizan año a año, la rebaja y el congelamiento de los aranceles, cuestión homogénea para todas las universidades del consejo de rectores.
Las únicas cuestiones que este tema puede producir para este año y los que vienen son dos:
a) La primera es que el problema de la inflación se convierta en deflación, cuestión peligrosa para nuestra economía, como signo de su aletargamiento, y que tiene serias posibilidades de ocurrir en el corto plazo,
b) Lo segundo es que la inflación sea tan baja que sea aprovechada por el gobierno y los empresarios para congelar los sueldos de los trabajadores, cuestión que es mucho mas probable que ocurra o al menos que se utilice para legitimar una negociación del sueldo mínimo favorable para las patronales. Así se vio en la discusión sobre el salario mínimo.
CONTENCIÓN DE LA CRISIS Y ESTRATEGIA GUBERNAMENTAL:
La Concertación, en cuanto gobierno, tiene hasta el momento asumido su papel de administrador de los intereses de la estructura de clase que refleja como componente bloque en el poder. Esto se demuestra por la gran fluidez que ha mostrado su sociedad con las grandes instituciones con las que cuenta la burguesía para su representación.
Es desde hace más de un año, que el gobierno y los empresarios en su búsqueda de contener el vendaval, acordaron desarrollar una estrategia contracíclica por parte del Estado y un libre albedrío para los empresarios de cómo contener la crisis. Todo empezó cuando se otorgó liquidez a la banca por centenares de millones de dólares, mientras ya comenzaban los despidos masivos. Luego vinieron los 250 millones de dólares que se otorgó a la industria salmonera, que iba en directo beneficio de las empresas para su capitalización, pero que se acompañarían del despido de miles de trabajadores, subvencionando así la crisis ambiental, la destrucción de la biodiversidad, y los despidos.
Cuando el gobierno se desenmascaró públicamente como un proyecto de combinación dialéctica de populismo/subordinación y de subsidiario/administrador de la burguesía, fue en el primer paquete contracíclico, otorgando dinero a las forestales y subsidiando ampliaciones de las zonas de reforestación, con lo que se mantuvo con vida a la industria forestal (pero no la actividad productiva), subvencionó la contratación de mano de obra a las empresas y otorgó un bono directo de $40.000 por carga familiar para los sectores más pobres de nuestro pueblo. Esta medida por aquel entonces estaba pensada para la reactivación del consumo y así ayudar indirectamente a las grandes empresas comerciales. Todo este paquete construido y aplaudido por hacienda, la SOFOFA, la SNA, la CPC y la CCHC, demostró, puso en evidencia, la dictadura burguesa presente en nuestro país. Y tal y como se dijo en el primer borrador, la evaluación del gobierno dependía fundamentalmente de la evaluación de este paquete, desde la burguesía hasta el proletariado. Y como también se expresó, esta evaluación del gobierno incidiría radicalmente en las futuras elecciones presidenciales y parlamentarias. Como el paquete no era productivo totalmente si no cargado de altos grados de populismo, la evaluación de Bachelet y el gobierno se disparó, coincidiendo claramente con el repunte de Frei en las encuestas.
Otro hito de esta contención asociada entre el gobierno y los empresarios, fue el pacto alcanzado entre el gobierno, la CPC, y la CUT, a través del cual más de 100.000 trabajadores en vez de ser despedidos van a ser capacitados por un sueldo menor al anterior y pagado mayormente por el Estado. Este paquete aunque tiene un sentido más productivo en el largo plazo, no garantiza la calidad de las capacitaciones y si garantiza empleos más precarios y menores salarios. Este pacto social como le gusta denominarlo la derecha y el gobierno, demuestra a qué nivel la CUT está institucionalizada y alejada totalmente de los intereses de los trabajadores. Presidida por el vicepresidente del PS, esta organización se presenta como extremadamente burocrática y aislada de cualquier proyecto independiente desde el mundo del trabajo.
En el último discurso de la presidenta, este 21 de Mayo, el gobierno nuevamente insiste en subvencionar el empleo y en otorgar otro bono de $40.000 por carga familiar para los sectores más pobres.
Este paquete es más complejo de analizar. Si bien es claro que con el se pretende dinamizar el consumo y ayudar a las familias en su canasta básica y proyectos independientes, es evidente su situación influenciadota en el escenario electoral. Sabiendo el gobierno la buena evaluación que han tenido sus anteriores paquetes, repite el populismo, insiste en el chorreo, con claras intenciones de que el gobierno se estabilice en torno al 60% de aprobación, con lo cual no solo buscan su propia expiación (recordemos que solo por el Transantiago y la corrupción dentro de EFE, más los gastos en armamento, el gobierno podría otorgar decenas y decenas de bonos de $40.000 como los que envió), sino también ayudar a la continuación del proyecto concertacionista como bloque en el poder.
LO QUE VIENE:
En el primer borrador, a principios de año, se indicaba la posibilidad de que el desempleo reemplazara a la inflación como preocupación general para el pueblo. Se indicaba también una proyección en torno al 12% de desempleo nacional y un desempleo juvenil en torno al 20%. Estas indicaciones se han cumplido a cabalidad. Nuestra argumentación de que en Chile habría 1.000.000 de cesantes fue acertada, después de que la Universidad de Chile (que tiene indicadores mucho mejores en cuanto a la confiabilidad de sus metodologías de estudio que el INE), mostrara más de un 12% de desempleo en el Gran Santiago y luego que investigaciones de Caputo y otros economistas dieran por resultado más de un millón de cesantes.
Recordando que la fuerza de trabajo nacional es de poco más de siete millones de trabajadores, se puede apreciar el tamaño de la debacle.
Esta crisis es sin duda en más de 60 años, la primera que genera un PIB negativo en la gran mayoría de las potencias mundiales y, por ende, el supuesto blindaje que la economía chilena tendría frente a esta es claramente solo una construcción discursiva del gobierno.
Más allá de cualquier discusión Chile, se encuentra en crisis y en recesión. La definición de recesión es poseer dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. Chile lleva tres, con lo cual queda claro que el blindaje nunca existió, que Chile entró en crisis y lo que es peor, se ha visto más afectado que otros países de similares características.
En el borrador anterior se dijo que existían síntomas de estancamiento de la economía. En rigor se indicaba que el PIB nacional rondaría entre el 0% y el 2.5% con sesgo bajista. Hoy el Banco Central tiene como posible indicadores entre el -0,75% y 0,25% para el PIB. Para nosotros la suerte ya esta echada, el año 2009 será de crecimiento negativo en torno al -1%. Esto demuestra los niveles de impacto que ha tenido la crisis en nuestro país y lo que tendremos que vivir en el próximo año. Es primera vez que la economía nacional tendrá crecimiento negativo desde 1999. El discurso ha sido superado por los hechos. El supuesto blindaje, que capeábamos bien la crisis, que esto era un vendaval, pero no habría recesión, todo esto ha sido destruido paso a paso. Si se tiene en cuenta las comparaciones, Chile en el cuarto trimestre del 2008 tuvo un decrecimiento del -8,3% superando la caída de Estados Unidos (-6,3%) y muy por debajo de países como Venezuela que creció un 3,8%, en dicho periodo, aunque su ritmo de crecimiento se haya ralentizado. Lo que es peor, el Banco Central sigue mintiendo ya que sus expectativas de crecimiento para el 2010 son de entre el 4,5% y el 5%, cuando se sabe que no superará el 2%. Poco a poco sincerará su discurso estadístico.
El gran tema que se nos viene es la nueva ola de despidos. Las estadísticas oficiales indican que el desempleo se sitúa por sobre el 9%, cuando en realidad ya supera el 12%. Es necesario recalcar que es probable que la estadística oficial indique un 11% de desempleo en los meses de invierno, pero que es muy probable que en la realidad el desempleo llegue al 14% o 15% (pues a lo anterior hay que sumar aquellos que se encuentran “beneficiados” por lo planes de empleo). Tal y como en la crisis asiática el año 1999 la economía nacional decreció y el 2000 alcanzó el peak de desempleo, en esta crisis se espera que este año se decrezca y el 2010 se alcance el peak de desempleo que por ahora es imposible visualizar. Esto se explica ya que aunque el segundo semestre del 2010 la economía nacional debiera estar creciendo, esto será posible por la sobreexplotación y precarizacion de empleo y por llegar a un máximo de despidos acorde al recorte presupuestario.
Si bien es necesario entender que la magnitud de la crisis es grande, es deber de este informe confirmar que la velocidad de la caída, del derrumbe económico, ha disminuido. Esto para nada quiere decir que la crisis se este acabando, sino, que es probable que en el plazo de un año la economía comience un periodo de normalización. La ideología neoliberal se esmera en decir que la crisis toco fondo. Esto es absolutamente falso, tanto a nivel mundial como nacional. Se avizoran tiempos más difíciles para la clase trabajadora, por tanto esta suerte de inestabilidad total continuará en los próximos meses.
Un tema que pronto se distinguirá de los demás en sus alcances, es la política económica estatal. Es bien sabido que el soporte, el aparato para la dominación efectiva de una clase por otra es el Estado. En periodos de crisis, más intensamente que en todos los periodos, el Estado debe suplir las carencias que surgen como consecuencias del sistema económico. Es así como hoy vemos que es a través del Estado que se ha generado una política económica contracíclica, que es a través del Estado se ha logrado mantener el orden del rebaño en beneficio de las grandes fieras.
Pero esta política agresiva por parte del Estado no esgratuita. Este año terminará con un déficit fiscal superior al 3,5% del PIB, y aunque el fin de la recesión se avizora cada día más cercano, la recuperación esta lejísimos de llegar, por lo que la pregunta es ¿se estarán cubriendo las necesidades del pueblo para toda la crisis o solo hasta antes de las elecciones? El gobierno pretende gastar todo el presupuesto de gasto social para el 2009 durante el primer semestre, se producirá déficit, el próximo gobierno no tendrá las mismas posibilidades de generar una política ambiciosa, con lo cual se concluye que a medida que la crisis se intensifique, menor será la capacidad del gobierno de responder, y sabemos cual será la respuesta empresarial: más despidos. Es necesario establecer, por lo demás, que al contrario de lo señalado por algunas corrientes de la izquierda, presta a entrar en el juego del Estado Burgués, éste no está jugando el rol de bueno frente a los malos empresarios. El Estado está gastando el dinero de los trabajadores en paliar la crisis y subvenciona la labor de los privados en orden a mantener la paz social: la naturaleza del Estado no ha cambiado en su esencia.
LA ORGANIZACIÓN BURGUESA:
No sólo en tiempos de crisis, si no desde hace mucho tiempo, desde la construcción del actual modelo de desarrollo, las clases poderosas han demostrado su fuerza, su capacidad, su racionalizacion progresiva, su fluidez asociativa. Su representatividad se ha perfeccionado y su vinculación internacional está en constante aumento. Pero es frente a una coyuntura adversa que la burguesía nacional ha demostrado la sabiduría de los años, sus tácticas se han dirigido como un solo hombre hacia un solo punto. Su diagnóstico de la realidad los convirtió en privilegiados ante esta crisis, su reacción fue rápida, nítida, en común acuerdo, al menos entre la alta burguesía, y su relación con el gobierno y las organizaciones que hoy por desgracia representan a los trabajadores fue más perfecta que en anteriores contiendas. En un corto vistazo se puede apreciar que los despidos masivos antecedieron los primeros síntomas de recesión, que la paralización de faenas y de la producción, el recorte presupuestario, el freno a la inversión, fue anterior a los primeros paquetes gubernamentales.
Los acuerdos para que, a través del capital estatal, las grandes empresas pudiesen seguir produciendo, a través de préstamos y capitalizaciones subvencionadoras, al mismo tiempo que los despidos aceleraban el desempleo y, para quienes seguían trabajando, aceleraban la precarización y la superexplotación, sucedieron con antelación a los primeros alaridos de los actores políticos en el parlamento.
Es evidente que estas estrategias siguen adelante y se perfeccionan. Se sigue despidiendo, al mismo tiempo que se aumentan las horas de trabajo, se subvenciona el empleo juvenil y las capacitaciones y desde hace poco se multiplican las empresas que proyectan externalizar su mano de obra casi por completo, bajando costos como sea, en directo perjuicio como siempre de los trabajadores.
Todo esto nos hace pensar que sin lugar a discusiones la clase dominante en Chile está constituida, organizada, con identidad de clase, con conciencia de clase y por lo visto hasta el momento, con un proyecto país hegemónico que facilita el consenso intraburgues e interburgues. Aunque es notorio que ante la crisis existieron posturas divergentes entre la banca y el comercio, o entre el comercio y la industria, lo cierto que esto ha tendido a desaparecer casi por completo debido a que nunca faltan aquellos burgueses que son industriales, comerciantes y banqueros al mismo tiempo y que dominan sus propios sectores (Los Luksic, Matte, Paulmann, etc.) y, por tanto, a su clase en coordinación internacional. Aunque la incapacidad y analfabetismo característicos de nuestra burguesía no se pongan en duda, hoy los patrones de fundo disfrazados de corbata han sabido combinar sus instintos naturales, es decir su brutalidad y sociopatía, con las dosis justas de intelecto para enfrentar esta crisis protegido por el Estado en alianza fraterna contra los trabajadores, para que estos, al final, sean los que salven al buque del huracán, ya sea como cesantes, superexplotados o precarizados, tanto profesionales, técnicos, empleados y obreros, capacitándose o en cualquier otra actividad, serán los trabajadores sin conciencia plena de sus actos estratégicos determinados desde arriba, los que construirán una sólida economía para los “esforzados empresarios”.
Cualquiera sea el caso, los incipientes esfuerzos por la construcción de un proyecto popular y revolucionario, por la constitución de la clase trabajadora y del pueblo en general, deben aprender de las fortalezas del enemigo. La burguesía posee independencia de clase, posee organizaciones representativas, sin burocracia y con proyecto político propio, no dependen de los partidos o del partido. La identidad burguesa se asienta en sus propias organizaciones, no en las estructuras políticas insertas en el Estado. Estas últimas solo representan partes del trabajo de dominación, son administradores, representantes en el Estado, y aunque fundamentales en su organización, no son únicos, sino que se acompañan del movimiento de las fuerzas propias de las clases dominantes.
LA CLASE TRABAJADORA:
Siguiendo nuestro diagnóstico de la desconstitución del pueblo y por lo tanto de los trabajadores, el comportamiento de la clase trabajadora se vincula directamente: a su desorganización; a la falta de proyecto independiente; a la atomización y segmentación productiva presente en el neoliberalismo; a la organización laboral antisindical presente en nuestro país, y por tanto a la reducción constante del espectro de los trabajadores con posibilidades de negociar las condiciones de su trabajo; a la falta de una formación teórica con la cual construir estrategias, y en fin, a todos los fenómenos ya conocidos, pero que hoy constituyen el eje en el origen del comportamiento de los proletarios en esta crisis. Si bien el desempleo como ya se dijo seguirá aumentando alcanzando su peak a mediados del próximo año, no es menos cierta la derrota total sufrida por los trabajadores en cuanto a la defensa de sus puestos de trabajo, ante los primeros meses de despidos masivos, de precarización y de paralización de la producción. En ninguno de los sectores fuera de los empleados públicos, los cuales poseen otra realidad (un solo patrón y grandes organizaciones), se pudo construir una protesta organizada y masiva que concluyera con resultados positivos para los trabajadores. Y aunque hoy los sectores de trabajadores más organizados, sindicalizados y preparados se resisten a la externalización y a los despidos injustificados, estas luchas se han mostrado como movilizaciones focalizadas, sin en ningún momento crear incipientes formas de movilización popular.
Después de más de 30 años de neoliberalismo combinado entre la dirección militar y civil, los trabajadores tiene una relevancia cada vez menor como sujetos sociales y políticos. Esta desestructuración y desconstitución de los sujetos políticos tiene, entre sus tantos orígenes, el funcionamiento del capitalismo en Chile, la fragmentación productiva, subcontratación y flexibilización del mercado del trabajo, la precarizacion acelerada de las condiciones de empleo, entre tantas. El movimiento sindical clásico, sustento del movimiento de los trabajadores fue duramente golpeado por la desaparición de franjas completas de trabajadores, como la minería del carbón, el campo, ramas tradicionales de la manufactura nacional y muchas otras, además de los fenómenos recientes de proletarización creciente de trabajadores de áreas ajenas al sindicalismo clásico como los profesores, profesionales, técnicos de muchas áreas, trabajadores de servicios, en la banca, grandes cadenas de supermercados y el retail clásico, entre tantos otros. Los últimos años demuestran estas señales.
El sector público, por medio de los contratos a honorarios, la flexibilización laboral y la externalización de funciones, ha sufrido en una fuerte precarización del empleo. Pero es este mismo sector el cual ha desempeñado un papel de actor dinámico en el conflicto social. Los profesores, los trabajadores de la salud, los trabajadores municipales, el registro civil, los trabajadores judiciales, los trabajadores de programas sociales, todos ellos se han movilizado y han demostrado una organización sólida con altos índices de apoyo popular. Aunque esto se vea favorecido por su contraparte estatal, de ninguna manera es conclusión de este informe que aquel sector pierda en el mediano plazo su condición dinámica y protagónica. Hay que agregar que los partidos de gobierno y de la extrema derecha ya han concluido que es necesario frenar, esta masiva proletarización de trabajadores, por lo que ya se construyen proyectos de ley para controlar el número de contratos a honorarios en el sector público, normar o regular la flexibilización del empleo y otros proyectos que apuntan en la misma dirección.
En cuanto el sector privado, no es novedad el aumento de la cantidad de trabajadores ligados a las finanzas y al comercio. Estos trabajadores de organización incipiente han demostrado que son en el mediano plazo, parte fundamental de una nueva identidad proletaria, ligada a la banca, los supermercados y el retail.
Sus tasas de sindicalización aun en fases de maduración han tenido por consecuencia una negociación colectiva organizada, de mayor centralización que la actual negociación del sector industrial clásico y con grandes perspectivas dado el crecimiento que se espera para el sector. En esta crisis los casos de la protesta de los trabajadores bancarios ante los despidos masivos y la negociación de los trabajadores de almacenes Paris por mejoras salariales y laborales, hacen suponer que este sector tendrá coyunturas de mayor dinamismo en el futuro. Al parecer, y es deseable, queda mucho por crecer en este sector laboral.
Esto ha generado un hibridismo en la organización de los trabajadores, por un lado el sector denominado clásico y por otro los nuevos sectores de trabajadores, ambos con la necesidad de forjar juntos una nueva identidad y conciencia de clase. Ambos sectores además, necesitan de maduración para encontrar su propio proyecto. Generar espacios y diálogo entre los distintos sectores del actual mundo laboral y fomentar su vinculación en las luchas y en su formación política tanto teórica como práctica, es deber de las organizaciones concientes del pueblo.
Aunque es real que durante la década se han producido fuertes movilizaciones en ciertos sectores de los trabajadores, estos no han logrado una acumulación de fuerzas suficiente para la construcción de un movimiento de trabajadores estable. Por estos días son aun los trabajadores del sector público como profesores y gendarmería, más sectores mineros de empresas estatales los que se movilizan por demandas, la mayoría de las veces económicas, y que pese a su indudable valor y esfuerzo, a juicio de este informe (a contrapelo del discurso afiebrado y sin base social de algunos luchadores sociales), no representan una posibilidad cierta de que durante esta crisis se produzca un estallido social o un movimiento organizado de los trabajadores y el pueblo.
Cuando se plantea que hoy no existe movimiento de trabajadores no solamente se habla de puntos de vista objetivos. La tasa de sindicalización, la negociación colectiva, la subcontratación, la flexibilización, la precarización del empleo, son parte del análisis en búsqueda de la comprensión del actual escenario laboral.
Existe además de estos fenómenos, problematizaciones subjetivas que se relacionan con la existencia de sujetos políticos y sociales. Los anteriores factores participan de la desconstitución actual de los trabajadores como sujeto colectivo, pero además de estos existe una marcada debilidad ideológica, teórica si se quiere, en la cual las organizaciones de izquierda independiente han tenido un rol fundamental. Primero, debido a la nula capacidad de construir una estrategia efectiva de acumulación de fuerzas populares, que programáticamente y políticamente sea adecuada a las nuevas condiciones que impone el capital. Segundo, ya que esta inexistencia práctica, confluyó en una influencia total de los sectores patronales en las organizaciones de los trabajadores lo que generó el actual escenario de debilidad. Es por lo tanto deber de todos la reconstrucción del sujeto revolucionario mismo, sin pretender que hoy ya exista y pueda desarrollarse.
CONSTRUCCIÓN DE ALTERNATIVAS:
Muchos, ante el escenario planteado de crisis del modelo neoliberal plantean que es imposible que el sistema o modelo de desarrollo actual perdure en nuestro país.
Argumentan la supuesta existencia de un cierto malestar en sectores de la burguesía que a su vez apostarían por la implementación de otro tipo de modelo, hibrido o neoclásico. Por otro lado se sostiene que el escenario latinoamericano, más cercano a una especie de modelo neokeynesiano de desarrollo, afectaría el proyecto nacional, influenciando un cambio en aquella dirección. Existen aquellos que fundamentan una posible irrecuperabilidad del actual sistema luego de esta crisis, dado que tanto las organizaciones burguesas, como el bloque en el poder, estarían llegando al consenso de fomentar un cambio en el proyecto por su poca resistencia a los avatares extranjeros. Incluso se habla del fin del neoliberalismo mundialmente como paradigma de crecimiento y desarrollo. Aunque en todo esto existan cuotas de verdad o mejor dicho de posibilidad, es necesario analizarlo detenidamente. Debe quedar claro que intervención estatal no es sinónimo de Neokeynesianismo. El Estado actual es un Estado Neoliberal.
Que la burguesía chilena o cierta parte de ella construya un proyecto alternativo al neoliberal, es un componente ficticio o siendo optimista una especulación política de propaganda de algunos sectores políticos secundarios, ya que en ningún momento se ha producido, ni hay señales de que pueda producirse, un quiebre entre la clase dominante. Que el sistema hegemónico que hoy existe en Chile (y que lo constituyen como Formación Económico-social) cambie, no depende de un sector con mayores desventajas que otros, ni de ciertos posibles malestares por tasas de ganancia coyunturales. El quiebre, posiblemente, tendría que ser total, con crisis social, productiva, reflejada en el bloque en el poder, en la cual un sector y otro tendrían que poseer proyectos distintos sustentados en franjas productivas distintas, proyectos que efectivamente tendrían que ofrecer disputa y tener un vencedor que claramente demoraría en normalizar la situación y generar estabilidad social. Nada de eso ha ocurrido, es más, como ya se ha dicho, la burguesía a actuado como un solo hombre durante esta crisis, demostrando madurez orgánica, identidad de clase, y proyecto único. Esto no quiere decir que no existan roces interburgueses, ni que no existan sectores que buscan cambios que pudiesen perjudicar a otros sectores. Ejemplo de esto es la constante demanda del sector frutícola de regular la variación del precio del dólar, versus los sectores del retail que importan productos para la venta. En Chile no existen bandas de precios y esta petición crearía lo que se llama un mercado imperfecto, planificado, contrario al neoliberalismo salvaje que existe en nuestro país. Este control que principalmente se exige para que el dólar no baje demasiado para las exportaciones, es totalmente antagónico con el sector comercial que recibe mercancías por bajo valor y que logra aumentar el consumo de estos. Pero que de allí se derive que exista un quiebre burgués hay demasiada distancia para darle importancia sustantiva. Este punto es de vital importancia.
La existencia de un escenario latino que de alguna manera se sitúa como divergente al neoliberalismo, por un lado necesita de una desmitificación y por otro de una sencilla reflexión. Por una parte, que los países latinos poseen una visión más moderada del neoliberalismo que Chile, no contiene mentira. Lo que es menos cierto es que esto pase del discurso político a la construcción de un sistema alternativo propio, distinto del neoliberal. El único caso que posea una construcción más o menos durable y más o menos estable de un modelo de desarrollo distinto del hegemónico mundialmente, es Venezuela, por supuesto, además de Cuba. Aunque este proceso hay que analizarlo con mayor detención, en ningún caso por el momento, puede aseverarse, absolutamente, que Venezuela construya un sistema distinto del capitalismo, aunque claramente es adverso al neoliberalismo, como modelo de desarrollo (que es necesario analizar en sus aspectos prácticos, teóricos y, por ende, desde el punto de vista de su viabilidad). Lo que es más interesante, es la estrategia venezolana para sortear la crisis, que en aquel país se ve recrudecida por la debacle en los precios del petróleo, principal producto de exportación. Si en un país, en medio de una crisis catastrófica a nivel mundial, se aumentan los puestos de trabajo, se crece por sobre el 3%, (durante el ultimo trimestre del 2008), se disminuye la pobreza y crecen los proyectos sociales, es de seguro, que algo raro esta sucediendo. La nacionalización de empresas, la mayor parte de ellas permanentemente y otras coyunturalmente, la participación cada vez mayor de un Estado con sesgos nacionalistas en la banca, las reformas tributarias, una planificación de la producción en el largo plazo, con una estrategia nacional, la soberanía alimentaría, el IVA diferenciado, la canasta básica asegurada y otras medidas han relativizado las consecuencias nefastas que se le auguraban a la república bolivariana, con la salvedad de una inflación de un 30% anual. El proceso venezolano, como ampliación de la democracia burguesa y con una planificación de un modelo de desarrollo nacionalista y neokeynesiano, es un proceso a seguir analizando constantemente, aun cuando su prolongación al territorio nacional no es muy probable y en ningún caso cuenta con un sustrato nacional que le permita enfrentarse al neoliberalismo chileno.
Que esta crisis destruya al neoliberalismo chileno es casi como decir que Arrate será el próximo presidente de Chile. El neoliberalismo chileno se tendrá que acomodar organizadamente a los cambios que internacionalmente sufrirá el circuito económico. Estos cambios en la regulación financiera y en la reorganización de los principales entes globalizadores de la economía en ningún caso han mostrado señales de pretender del neoliberalismo un cadáver histórico. En cuanto a la real capacidad del neoliberalismo de enfrentar la crisis nacional, con la complicidad evidente del Estado, es difícil concebir un cambio en el mediano plazo, de la naturaleza de una transformación de la estrategia nacional de acumulación.
Para entender lo que significa un cambio en la estrategia de acumulación, solo hay que dar un pequeño rodeo y observar la historia. En Chile han existido tres coyunturas de transformación y construcción de estrategias nacionales de acumulación y organización social. La primera de ellas fue la coyuntura que construyo el Estado Nacional y la estrategia de crecimiento hacia fuera liberal. Esta estrategia Portaliana de organización y acumulación se construyó a partir de un periodo lleno de conflicto social extremo, con una superioridad militar final del proyecto de desarrollo liberal por sobre el que “mayor aceptación popular poseía” que hoy ciertos autores catalogan de pipiolo. La segunda coyuntura fue la construcción del Estado de bienestar y del modelo Keynesiano de desarrollo. Esta estrategia tuvo que atravesar la mayor crisis económica del mundo, con una reorganización total y mundial capitalista y con la amenaza cierta del modelo Soviético. Se debe sumar la inestabilidad y conflicto social y político nacional entre 1915 y 1930.
A continuación del anterior, la estrategia neoliberal fue una respuesta a una coyuntura traumática, incomprensible en sus consecuencias inmediatas, que borró de un plumazo 40 años de desarrollo hacia adentro. Originada a través de un golpe militar y de una táctica genocida, el neoliberalismo necesitó de poco más de una década para asentarse definitivamente como el proyecto hegemónico de desarrollo.
Como se ve, las transformaciones estratégicas nacionales fueron procesos de gran convulsión, todos ellos con las fuerzas militares como protagonistas y gestores y con una clase política administradora. Todas ellas representan los momentos más críticos de la historia nacional.
Se entenderá por tanto que la desaparición del neoliberalismo por otra estrategia no es un juego de niños y que se necesita de un proyecto radical y revolucionario, maduro y armado, organizado y con un sustento de clase, para transformarlo. Se necesita más que de una crisis económica y de un reordenamiento del bloque en el poder para revolucionar la historia (ya lo saben bien los luchadores de los años 80). Por sobre todo se necesitan sujetos colectivos que superen las murallas de la ideología burguesa y que sean capaces de construir nuevas coyunturas.
A nuestro juicio el peligro inherente que posee el neoliberalismo guarda relación con su sustentabilidad en el largo plazo. El capitalismo salvaje que hoy agota nuestros recursos naturales se verá enfrentado a crisis cada vez más decisivas, lo que no significa que se tenga que esperarlas. La construcción política debe ubicarse más allá de la simple espera y la confabulación, la construcción de una fuerza popular independiente con sustento de clase debe aprovechar los momentos más álgidos de la lucha de clases, pero no reducirse a ellos. Por eso es necesario sostener la vista más allá de esta crisis, la construcción de posibilidades siempre ha de superar las coyunturas.
EL ESCENARIO Y SUS ACTORES:
Aunque las contiendas electorales son procesos bastante vulgares (representan la superficialidad) dentro de un análisis de crisis, entendiéndose esta como política, ideológica y económica, su prolongación como parte de los fenómenos que pueden o no, originar fenómenos relacionados con el reordenamiento partidista y de bloques y con proyectos transformadores de la realidad, puede llevarnos a comprender cuanto hay de cierto de un inminente viraje de las estrategias de desarrollo capitalista o del supuesto reordenamiento del bloque en el poder.
Existe la hipótesis generalizada de que en el contexto de la crisis en general, las distintas candidaturas presidenciales encubren variados y divergentes proyectos políticos que, para algunos, se encaminan a transformar el actual programa de las clases dominantes. Se dice también que existen coaliciones en descomposición o al menos en reordenamiento evidente de sus fuerzas, que se vislumbran proyectos progresistas innovadores y que la derecha política parlamentaria se encontraría dividida. Se menciona que hoy como nunca se reproducen las candidaturas independientes y que el sistema político chileno tiene sus días contados, nos prepararíamos para un cambio mayor que las reformas constitucionales que, en el gobierno de Lagos, pusieron fin a los parlamentarios designados, que aumentaron el poder del ejecutivo en relación a las fuerzas armadas y que redujeron las atribuciones del consejo de seguridad nacional. Se habla del fin del binominalismo y de la exclusión, de una nueva constitución y también claro esta, del fin del neoliberalismo. Se analiza el crecimiento de la “izquierda y del progresismo”, y aumenta la confianza en la articulación de un nuevo polo que construirá un nuevo tercio político. Se habla de incertidumbres, de desorden, y con desesperación se habla del rol del Estado, de cuánto mercado y de la soberanía ciudadana.
Pero, ¿cómo comprobar la validez de tales apreciaciones? Lo normal, dado un análisis dialéctico del asunto, es no conformarse con lo evidente, descubrir esencias y relacionar con la totalidad tal y cual situación o momento. Frente a un análisis de la escena política esto siempre se hace verdadero. Pero hay que también dejar en claro que ciertas situaciones son del todo superficiales, humo, bruma, pirotecnia que, a veces, ni siquiera encubre, sino que delata ciertas tácticas, ciertas mentalidades y nada más.
¿Cómo abordar en profundidad la posible o supuesta descomposición de la coalición gobernante? Sin duda, pese a todos los esfuerzos es necesaria una cierta descripción del momento de la cosa, para así situar el análisis.
Que el partido socialista realizase una tarea específica dentro de la concertación, no tiene nada de nuevo ni, hasta el momento, significativo. Que ese papel fuese la combinación dialéctica de los intereses de clase que lo fundamentan, nos acerca a la cuestión en si. El discurso expropiado por el PS a la aristocracia obrera y su representación escasa es una parte de su composición. Podríamos detallarla aun más. Decir que representa el discurso copular, dirigencial de la minoría sindicalizada de los trabajadores, nos dice cuan amplia es su inserción en el sector. Que mucho de la ideología oficial y hegemónica del PS sea parte de la ideología pequeño burguesa, nos acerca al espectro en el cual se moviliza y de donde sustrae sus demandas.
Y aunque aún, y es importante la temporalidad de la cuestión, no se vea afectada su capacidad electoral, facilitada ella por el sistema político nacional, es visible el desorden, las luchas intestinas y la falta de proyecto del partido (que nacen de su misma constitución), lo que conduce a un diagnóstico de crisis del partido. Su estructura orgánica está constriñendo las diversas formas de proyectar en la realidad su deber de clase o de clases. No hay que ser marxista para saber que hoy el PS es un partido neoliberal, aburguesado y totalmente alejado en su praxis de su discurso cercano al “progresismo” que no es más que el proyecto conciliador en la contradicción capital/trabajo, más un “progresismo cultural”. En cuanto a la escena misma, este partido solo ha sabido en su historia reciente de errores, concientes o inconcientes, en el largo plazo. Derrotada la candidatura de Insulza a la presidencia, la directiva apoya incondicionalmente a Frei, como candidato presidencial. Sufre la salida de un senador, de un miembro longevo, de algunas bases y luego de todo esto sufre la televisiva incorporación de Enríquez-Ominami a la escena. En principio solo diremos que existen en el mediano plazo variadas posibilidades de una reestructuración como partido, que depende de quien logra hegemonía dentro del mismo. Estas posibilidades varían en intensidad, radicalidad y de cuan profundas sean las diferencias programáticas. Pero es sin duda su dirección la que ha originado bastantes de sus problemas.
Si llegasen a existir diferencias entre sectores reformistas y neoliberales, esto no deja de ser parte de su estructura de clase y de su discurso político como ya se dijo antes.
El PPD, hoy ya no es un partido político propiamente tal. No se le puede analizar de esa manera. Es una asociación electoral con tintes de representantes de los profesionales en ascenso. Como maquinaria electoral, viene de intensas crisis internas, pero hoy asume su nulo rol político, su incompetencia e incapacidad de generar o encabezar cualquier tipo de proyecto político, y, por lo tanto, se asume como una estructura ajena a consideraciones de una profundidad mayor que la electoral.
El PRSD es un pequeño partido tan pequeño que es ajeno a las crisis políticas. Hizo todo lo que pudo por relegitimar a la Concertación, y de paso a ellos mismos, por construir un nuevo proyecto de gobierno (no de régimen), pero su ínfima importancia negociadora tuvo por consecuencia una infertilidad en su actuar.
La DC, el partido con más crisis internas en el último tiempo, tiene contradictoriamente, la posibilidad cierta de encabezar un nuevo proyecto de gobierno y de Concertación. Aunque mucho se ha hablado de la existencia aquí de un proyecto transformador, es necesario agregar que hoy no existen señales de ningún tipo que permitan asegurar que detrás de la candidatura de Frei, exista un proyecto distinto del neoliberal. Aunque ya llegaremos a aquel punto.
La derecha política, con su incompetencia de siempre, hoy nuevamente lucha entre sus dos pecados originales. Aunque toda la alianza es representante fiel de la burguesía transnacional y sus socios de origen local, posee un partido, la UDI, pinochetista católico y opus dei, y otro partido, RN, pinochetista y de los nuevos ricos, más alejado del catolicismo y más cercano a la clase empresarial nacida en los 70 y 80. Esto los ha dividido por siempre y hoy cuando poseen comprobadas opciones de llegar al gobierno, siguen apareciendo estos pecados, como una repetición constante de su absoluta repulsión histórica.
Existen hoy además los nuevos “referentes” creados por la ineficacia Concertacionista.
Por un lado un partido de oposición derechista, encabezado por Adolfo Zaldívar, el cual hasta el momento no representa una incomodidad a nadie. Se presenta como un proyecto caudillista de derecha, que hasta hoy solo puede sobrevivir dependiendo del resultado de las mil negociaciones electorales. Por otro lado el MÁS, oposición de “izquierda” al gobierno, se presenta como una prolongación de un proyecto internacional, que se vincula a los movimientos sociales y a la nueva izquierda socialdemócrata latinoamericana. Este proyecto hasta el momento da señales de una posible inserción popular, que encabezada por el senador Navarro, ofrece opciones de continuar en el tiempo.
Por otro lado el sector vinculado al pacto electoral Juntos Podemos, se encuentra en una situación de extrema volatilidad, incertidumbre y desnaturalización. Con un acuerdo incompleto con el gobierno para darle cabida en el parlamento, con partidos negociando por fuera, con un candidato concertacionista, este sector depende exclusivamente de la beneficencia gubernamental. Su afán único es el término de su exclusión parlamentaria. El resultado de este proyecto es el que mostrará cual es su camino a seguir.
Si se sigue de cerca el discurrir de la coalición de gobierno, con sus enormes desórdenes, es posible hablar de una crisis. Pero esta crisis no es otra que la crisis económica. La crisis es de la totalidad, y como se dijo afecta lo político, lo ideológico y lo económico. Y aunque es prematuro decirlo, en sus desórdenes no se hace evidente al menos, una ruptura definitiva de un sector con otro. Hay mayores posibilidades de que la concertación sortee la crisis a que desaparezca definitivamente. La cierta descomposición obedece más a tácticas electorales, que a una cuestión de proyecto (mantenerse enquistados en el aparato del Estado y garantizar la paz social en beneficio del patrón de acumulación). Es por eso que aun con todo lo que en la escena aparece, la concertación es aun la más probable vencedora en los comicios de diciembre y enero.
La derecha neoliberal, anacrónica e incapaz de todo, más incapaz, más neoliberal y más anacrónica que la propia Concertación, es sin duda una coalición sin química. No existe otra atracción que una ambición de poder en la que ambos partidos chocan. Su fortaleza radica en el parlamento, cuestión planeada desde la constitución de 1980. Sus rencillas religiosas, políticas y de status, no corresponde a un suceso coyuntural, sino a una cierta estructuralidad divergente, en la cual la fuerza de ambos partidos se anulan mutuamente.
Por tanto que la extrema derecha esta dividida, no representa una cuestión relacionada con un cambio de proyecto burgués, sino con cuestiones menores, provincianas, típicas del tercer mundo, entre los tradicionales patrones de fundo católicos hoy empresarios y políticos, y los nuevos empresarios construidos en dictadura.
La cuestión de las candidaturas independientes tiene dos puntos centrales, que no son ni independientes políticamente ni en relación a la estructura de clase y a los intereses que de aquello se reflejan. Todos los candidatos de mediana seriedad, no representan nada más que una concertación ampliada, Navarro, Enríquez, Arrate, Zaldívar, son todos concertacionistas y su único fin implícito y explícito es vencer a la derecha parlamentaria y otorgar un triunfo a la concertación, a excepción tal vez de Zaldívar que negociaría con cualquiera por su travestismo creciente y quizás Navarro que, por figuración y “consecuencia”, es capaz de votar nulo en una segunda vuelta, aunque es de todas maneras improbable que lo haga. Por otra parte, ninguno representa otros intereses que los que ya defendía dentro de la Concertación.
Hoy, es verdad, han ganado en libertad de movimiento, pero en ningún caso poseen un sustrato social distinto al concertacionista.
A nuestro entender la existencia de proyectos progresistas e innovadores para la clase política, que más que clase se presenta como casta, familiarizada con el sacerdocio, no tienen sustento en la realidad.
Que algo sea progresista o no es una cuestión que depende del punto de vista. Pero si a aquella concepción se le quiere dar un carácter de izquierda sin duda que nos encontramos frente a una falsedad. Hoy en Chile el progresismo es una continuación del proyecto concertacionista, con adornos y nuevas maneras, pero siempre obediente a la estructura de clase que representa. Si se quiere otorgar al progresismo la tarea de las reformas políticas, se estaría cayendo en dos errores, primero, porque ninguna reforma solucionará lo que en este informe se ha presentado como fracasos del modelo de desarrollo y segundo, porque el supuesto progresismo, reformará solo lo que convenga para mantener la estabilidad social necesaria para el gran capital.
Dejar en claro acá que el sistema político chileno, estructurado y construido para anular la capacidad del pueblo en la política, no necesariamente sufrirá cambios profundos en el corto plazo, no tiene vinculación con un sentimiento derrotista, sino a una comprensión de que los cambios constitucionales o el cambio de la misma constitución, son solo modernizaciones de la relación capital/trabajo y por tanto, entendiendo el diagnóstico de la desconstitución del pueblo como sujeto, es solo la clase dominante minoritaria la que tiene capacidad de reflejar sus intereses en aquella carta magna. Los demás cambios con ciertas características reformistas cercanas al sentir del pueblo conciente, como el avance en la negociación colectiva y en la sindicalización, la nacionalización de algunos recursos naturales como el agua, el fin del binominalismo y otras medidas, reflejan solo la combinación entre las presiones de sectores reformistas y la nueva manera con la que la clase dominante y el bloque en el poder pretenden relacionarse con el pueblo (y con los países desarrollados). En ningún momento estas medidas benefician al pueblo en tanto construcción de sujeto autónomo, sino que se relacionan con un proyecto ideológico sustentado en la teoría del fin de la transición.
Además hay que agregar que existe la posibilidad cierta de que algunas de estas medidas no se aprueben. Por ejemplo, el binominalismo es hoy utilizado por el PC como consigna para llegar al parlamento, por lo que no está claro que ni siquiera la izquierda tradicional y conservadora quiera o pretenda en el corto plazo cambiar esta situación. En cambio la situación de la negociación colectiva y la sindicalización es diferente. Obedece a un plan nacional de modernización bajo presión internacional, de organizaciones como la OCDE, que tienen relación con un espejismo de participación en la relación capital/trabajo, compuesta por una promoción de la sindicalización, pero combinada con una alta cooptación dirigencial para facilitar la comunicación y las posibilidades de conciliación, aniquilando la autonomía de los sectores populares.
Si se toma en consideración que el actual momento de la lucha de clases se presenta como una acumulación de fuerzas de todos los sectores, la izquierda tradicional sería uno de aquellos bloques que hoy acumula fuerzas a su manera. Que la izquierda está creciendo es una aseveración ambigua. Si se quiere decir con esto que los concertacionistas desperdigados fuera de su coalición vienen a ampliar y a enriquecer el mundo popular se estaría cayendo en un error. Que para la izquierda tradicional esto sea beneficioso, depende de su política de alianzas, de las negociaciones por cupos, y de otros factores. Que se este construyendo los “tres tercios” es pura ficción.
Si fuésemos adocenados liberales y habláramos en lenguaje parlamentario cabría apenas una posibilidad. Si hablásemos como marxistas, la estructura de clase que representa este tercer polo tiende a ser la misma que la concertación, solo que el peso de la ideología y la presión pequeño burguesa se acrecienta. Esperanzarnos hoy con que Enríquez, Navarro y Arrate construirán una izquierda amplia con beneficios para la construcción del pueblo como sujeto, es pura pérdida de tiempo.
Aunque el rol del Estado varíe y se amplíe la democracia burguesa, el bloque en el poder y la estrategia de acumulación capitalista seguirán su curso. Majaderamente hay que repetir que solo una ruptura de clase puede transformar una estrategia de acumulación y reordenar el bloque en el poder. Solo una agudización de las contradicciones de clase es capaz de revolucionar lo existente. Lo que no significa hacer caso omiso a las variaciones más o menos serias del ámbito de las libertades políticas.
La cuestión de mayor interés es si existen, detrás de estas candidaturas presidenciales, proyectos no solo de afrontar la crisis, sino de cambiar el modelo. Ante esto habría mucha discusión teórica, de si es posible la transformación pacífica de una estrategia de desarrollo a otra. Pero para no adentrarnos en aquella cuestión, rodearemos la problemática analizando solo las candidaturas y los proyectos a los que se relacionan y dejando establecido que a nuestro juicio es improbable y cercano a lo imposible que el cambio de modelo no este sujeto a una coyuntura especial de la lucha de clases.
El proyecto que menos dudas trae en cuanto a lo que representa y a sus intereses, es el proyecto burgués de la Alianza por Chile. Piñera y su sector representan a la extrema derecha que al parecer, encuentra su simbiosis, desde una visión positiva, y su quiebre desde una posición crítica, entre el plan económico ultraliberal burgués, asentado particularmente en Renovación Nacional y los planteamientos del moralismo gremialista, del catolicismo conservador, representado por la Unión Demócrata Independiente. Se le puede sumar a esto una suerte de fascismo moderno que no es menester desarrollar y un populismo de derecha. Este proyecto se desenvuelve como un proyecto de profundización del modelo neoliberal. La pregunta es: ¿Cuánto más se puede profundizar el neoliberalismo? Y segundo ¿es necesario para la burguesía profundizar el neoliberalismo? A la primera pregunta se le debe dar una respuesta más allá de lo que conviene y compete a este informe.
Basta decir que la relación internacional de los capitales entre Chile y el mundo apunta desde ya a una profundización de la apertura económica, pero que desde el punto de vista de la concentración y centralización de los capitales en Chile, de la segmentación productiva, de la desregulación del mercado del trabajo, de la privatización de empresas y servicios, de la flexibilización y precarización del empleo el neoliberalismo aun puede desarrollarse. La segunda pregunta sobre lo conveniente para la burguesía de profundizar el modelo, la respuesta es compleja. Por un lado cierto sector de la burguesía pretende una desregulación sobre materias diversas entre ellas destacan el problema medioambiental, el problema indígena, el problema laboral, entre otros. Pero también es necesario recalcar que las relaciones con la Concertación se asientan sobre el éxito burgués, sobre la absoluta subordinación de lo político a lo económico y lo económico a la ganancia patronal. Esta virtuosa relación entre la clase política representada por el gobierno, parasitaria de todo cargo público existente y la burguesía transnacional, hace pensar que esta última al menos no le preocupa una continuación concertacionista y su modelo de neoliberalismo con política social impregnada de Banco Mundial.
Por otro lado la Democracia Cristiana y los demás partidos de gobierno, con su candidato neoliberal, (hasta lo que nos dice la empiria), representa la continuación misma de el actual gobierno. Para su elección necesita disfrazarse de distinto de Piñera, para lo cual es capaz de decir cualquier cosa (unión civil entre homosexuales, aborto terapéutico, nacionalización del transporte público y del agua, nueva constitución política, fin de la exclusión de la izquierda tradicional, entre otros).
Ninguna, absolutamente ninguna de las propuestas, opiniones, equipo de trabajo o cualquier señal política, hace proyectar en ningún ángulo del devenir, que Frei apueste por un cambio del modelo cercano a lo keynesiano. Veamos algunos puntos. El gobierno de Bachelet dejó establecida la hoja de ruta: el rol del Estado se relaciona con la protección social.
Esta visión entre paternalista y vinculada a la actualidad de la política social como teoría e ideología neoliberal, en ningún caso obedece a una suerte de entrada a un Estado de bienestar y mucho menos a una entrada a algún modelo neokeynesiano. Se ve con claridad que la única función de Frei y su proyecto es asegurar el triunfo electoral. Su comando político dirigido desde la oscuridad por Eugenio Tironi, representante de lo más neoliberal y retorcido de la concertación, demuestra que no es intención de este proyecto modificar algo fundamental o que integre este análisis.
A pesar de su incorporación repentina, sorprendente y algo confusa, Marco Enríquez, a nuestro juicio, no representa un proyecto político distinto del de Frei. Su proyecto presidencial es un complemento al triunfo sobre la derecha, nada más. Si analizamos su “programa económico”, se comprenderá que medidas como privatizar partes de las empresas actualmente públicas no se diferencian en nada del proyecto de los candidatos dominantes hasta ahora. Su incorporación en la carrera puede ser contemplada como la rebelión de los hijos contra los padres, rebelión en el seno de la clase política, entre los mismos de siempre, para exigir las cuotas de poder correspondientes para cada generación. Pero como toda rencilla familiar, puede solucionarse en cualquier almuerzo de domingo.
Aun así, la fragilidad y volatilidad del escenario, hace que la posibilidad de que Enríquez se transforme en un mejor candidato que Frei para derrotar a la extrema derecha, sea cada vez más probable. El manejo de la concertación a la renuncia del partido socialista por parte de Enríquez y la posibilidad de asociación de éste con sectores desencantados tanto del pacto Juntos Podemos como de la misma concertación, nos asegura un panorama de alto riesgo a la continuidad de la coalición de gobierno tal como la conocemos.
Queda por ver a quién representa Enríquez-Ominami en el exterior, cuestión no menor.
Así las supuestas batallas de ideas solo representan la escena, no la realidad de las cosas, donde la misma clase política de siempre, quiere ser al mismo tiempo salvadora de todos los males que ella misma comete.
Aun así, es conveniente seguir los niveles de apoyo de este candidato y analizar cuan fructífero, en cuanto a la acumulación de fuerzas alrededor de él, se presenta al proyecto, para así poder visualizar el posible resultado en el reordenamiento de fuerzas concertacionistas.
La candidatura de Arrate en el Juntos Podemos, se presenta como la menos cínica de todas, al mismo tiempo que la más inútil. Menos cínica, ya que se presenta explícitamente como una campaña de recolección de votos para Frei, dado el pacto parlamentario con la coalición de gobierno, además se suma su explícito apoyo a gran parte del actuar concertacionista. Esta falsa candidatura presidencial como se le puede denominar, representa todo el conservadurismo y la traición del PC y sus amigos, toda la institucionalización, burocratización y enajenación que vive el sector.
El proyecto encabezado por el senador concertacionista Alejandro Navarro, elegido senador por el PS, tiene algún sustento en la realidad social por lo menos superior que la candidatura de Enríquez. Este sustento se denota en la construcción de un partido propio con amplias posibilidades de inserción popular, en la construcción de un partido como bastión de la combinación entre sectores desencantados del PS, pequeños grupos de izquierda de los 80’ y 90’ y de la década actual, y personas totalmente nueva en lo político. Sus posibilidades de proyección son elevadas. La dirección de este proyecto la llevan a cabo burócratas antiguamente del PS, algunos del activo político del pasado, además de jóvenes que inyectan de renovación a la misma izquierda tradicional. Su única diferencia con ella y con otras candidaturas, es que este proyecto si representa un intento de chilenizar los proyectos en auge en Latinoamérica y por tanto pretende modificar el actual modelo. Además este partido, al parecer, sí disputará en el mundo popular espacios como los sindicatos, poblaciones y universidades. Es en este sentido parte de la acumulación de fuerzas populares por parte del reformismo y como tal es bastante peligrosa para la construcción del pueblo como sujeto, ya que esta lógica de partido reformista se basa en una cooptación popular y en una conducción electoralista lo que atenta contra la potenciación política del pueblo.
ALGUNAS CONCLUSIONES A DEBATIR:
Como conclusión final a discutir, se propone como respuesta a la interrogante principal de este informe, es decir, acerca de las posibilidades de transformación del modelo de acumulación y del reordenamiento del bloque en el poder que, en ningún caso la realidad actual nos da señales de transformaciones radicales al neoliberalismo, aunque si son esperables y posibles algunas adaptaciones al escenario pos crisis, debido a la magnitud de la misma. En cuanto al sistema político, es improbable por el momento un remezón importante en la forma de hacer política de los últimos 20 años.
Es de la misma manera esperable ciertas modificaciones menores cuyas consecuencias van en una dirección o bien electoralista o de cooptación popular. A todo lo anterior se debe sumar una previsible modernización por presión internacional, dado el interés estratégico nacional de incorporar a Chile a la OCDE. Modernización que afectará principalmente el mundo laboral y a la organización del Estado.
En cuanto al bloque en el poder al parecer más que un reordenamiento, se contempla un desorden en los partidos políticos y un orden en la organización burguesa, acompañada de una fluida relación de cooperación entre la clase política y la clase dominante. Así se puede llegar a decir que la crisis económica y los vaivenes políticos aunque producirán cambio, no pondrán en peligro la formación social chilena y su proyecto. Es deber de las organizaciones de izquierda independiente pensar o repensar sus estrategias de construcción de acuerdo a la realidad existente a la vez que desarrolla de mejor manera los temas esenciales a estudiar en la dirección de poseer diagnósticos cada vez mas complejos y precisos de la realidad social.
Concepción, Junio 2009. |
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